Por José Eduardo Moreno
Inception (El Origen) es la nueva película de Christopher Nolan, el joven realizador británico que supo deslumbrar con la compleja Memento. El argumento de Inception se desarrolla en un mundo en el que el espionaje ha avanzado hacia el territorio del subconsciente mediante la exploración e intervención en el sueño de las personas. Según la línea argumental, a partir de unos complejos sistemas desarrollados -cuando no- por el ejército estadounidense, diversos especialistas logran acceder al subconsciente de las personas mediante la intervención en sus sueños y de ese modo extraer preciada información para gobiernos y corporaciones. Del mismo modo, los especialistas pueden plantar determinadas ideas en el subconsciente que luego se desarrollaran hasta modificar radicalmente la propia identidad de la persona.
Esta entretenida ficción no resulta tan descabellada cuando intentamos analizar los comportamientos y las formas de pensar que observamos en nuestra sociedad. Si bien no se trabaja en un nivel onírico, no podemos dejamos de observar cómo determinadas ideas, mensajes, se instalan en un nivel que no es del todo consciente, y que opera en las decisiones, valoraciones y tomas de posición del conjunto de la sociedad.
Existen diversos estudios que han tratado de sistematizar y de distinguir los diferentes niveles de nuestro sistema cognitivo. Según un trabajo de Neyla Graciela Prado es posible identificar diversos niveles en los que la representación mental opera y se va organizando y ordenado de diversos modos hasta llegar a eso que llamamos ideología, es decir ese conjunto complejo de ideas y relaciones que establece las coordenadas en las que se ordenan nuestras representaciones sociales.
La mente humana, a diferencia de un modelo informático, trabaja con representaciones, es decir, algo que excede al simple procesamiento de la información. Darle un beso o un abrazo a otra persona no es simplemente un conjunto de sensaciones táctiles, visuales, olfativas, etc. Cada acto de ese tipo es representado, por protagonistas y observadores, de diversa manera, resaltando gestos, destacando leves movimientos, posturas, etc., que determinaran que esa información será entendida de distinta manera. Como señala la autora “se trata de una selección, codificación y almacenamiento de la información, que conservan elementos de lo real, pero no constituyen su reflejo o su reemplazo”.
Esto resulta central para entender como funcionan los sistemas ideológicos a la hora de ver la realidad. En esos complejos sistemas de entendimiento, conviven modelos mentales, modelos culturales y representaciones sociales que, en su interacción, construyen un sistema cognitivo determinado desde el cual veremos la realidad. Si a esto le sumamos, como creemos, que la realidad sólo existe cuando es procesada simbólicamente, el peso que adquiere ese conjunto de ideas resulta determinante.
Esto puede verse en innumerables ejemplos. Para determinados sectores la presidenta resulta insoportablemente autoritaria, soberbia, crispante. Para otros, todo lo contrario. Algunos se extasían con la seriedad y ecuanimidad que ostentan ciertos comunicadores, periodistas y grupos mediáticos. Otros, lo contrario. Hay quienes se enternecen con un pibe de la calle, hay quienes sólo ven un potencial asesino.
¿Por qué se produce esto? ¿Es que hay muchas realidades? La respuesta es sí, entendiendo por esto que el sustrato objetivo, eso que llamamos hechos, no habla por sí mismo, sino que habla desde quienes lo interpretan simbólicamente. Y ese proceso está atravesado, indefectiblemente, por el sistema ideológico que cada uno posee.
Es decir, siempre se trata de plantar ideas. Todos lo hacemos. En nuestro trabajo, con nuestros amigos, con nuestros hijos. La idea de ser solidarios, la idea de ser exitoso, la idea de pensar en el otro, la ida de llenarse de plata. Cuanto más profundo se plantan esas ideas –y acá vuelvo a la película- más y mejor van a crecer y desarrollarse. Es decir, cuanto menos concientes seamos de esas ideas, más libremente van operar ya que no las pondremos en cuestión.
En las sociedades actuales, siguiendo lo señalado por el sociólogo Zigmunt Bauman y por otros, una de las ideas más poderosas que se nos implantan es la del consumismo, es decir que uno es lo que tiene y ya no lo que hace. Esta idea crece, se reproduce y termina rigiendo gran parte de nuestras vidas. Consumimos innumerables cosas superfluas, innecesarias y vivimos y trabajamos para ello.
En el orden político, una idea implantada que considero decisiva es la de endilgarle a lo público la potestad de todos los males. Lo público, y por extensión lo estatal y gubernamental, es corrupto, parasitario, ineficiente, autoritario, etc. Lo privado, todo lo contrario. Esta simple idea se reproduce y crece hasta gobernar nuestra percepción de las cosas, atravesando nuestro análisis de la realidad con una potencia devastadora.
En las últimas semanas pudo verse con claridad, quizás como nunca antes, cómo los sectores más concentrados de la economía, la derecha política y los grandes medios, actuaban en tándem para seguir plantando algunas ideas que resultan imprescindibles su estrategia: que vivimos en el reino de la incertidumbre, de la falta de garantías e incentivos para la inversión, del autoritarismo, de la corrupción, de la crispación, etc.
Repito, no creo que esté mal plantar ideas. Todos los hacemos. El problema sigue siendo la desigualdad existente en la capacidad para hacerlo. El viejo Marx decía que las ideas dominantes de una época son las ideas de la clase dominante de esa época. También lo son, por extensión, los valores.
Ojalá prendan algunas de las ideas que se intentan plantar en esta nota. Especialmente aquellas que nos hagan críticos ante las ideas que nos quieren plantar y ante aquellas que estructuran nuestra forma de ver la realidad. Cuanto más concientes seamos de ello, más difícil será que repitamos como loros ideas que no nos pertenecen, no nos benefician y con las que, probablemente, ni siquiera estemos de acuerdo.

Muy buen paralelismo con la peli Jose! Me gusto mucho la nota!
ResponderEliminarabrazo!
chipolo