¿Qué es No Sabe - No Contesta?

No Sabe-No Contesta es el nombre que nuestro equipo de creativos ideó para compartir las reflexiones y producciones de guarismos, la consultora de investigación social y política que hemos creado.
Se trata de buscar, construir y sistematizar información social y política y desde allí contar con algunas herramientas que sean de utilidad para pensar y para hacer en el complejo mundo político-social que nos abruma y fascina. Veremos que sale de todo esto.

lunes, 25 de octubre de 2010

Democracia y Despotismo

Por José Eduardo Moreno 1
Siempre me resulta grato estar en Tres Arroyos. Cuando puedo vuelvo, y siempre me cuesta irme. El fin de semana pasado, coincidió mi visita con la exposición anual de la Sociedad Rural de Tres Arroyos. En la edición del lunes 11, La Voz del Pueblo reprodujo algunas de las palabras que el titular de la Sociedad Rural, Mariano Astiz, dijo en el acto inaugural y me llevaron a querer escribir algunas líneas al respecto.
Aparecen en su relato –en lo reproducido por el diario- una serie de críticas a la gestión del ejecutivo nacional, provincial y municipal referidas estrictamente al tema agropecuario. Sobre tales cuestiones tengo poco que decir, ya que no soy un conocedor sobre el tema. Señala Astiz que “a los que no conocen del tema los engañan y confunden” y algo de razón debe tener. Por las dudas, asumo un prudente silencio y evito meterme en temas que no manejo. Que lo discutan los que saben.
Pero además de los temas referidos estrictamente a la materia, en su alocución el presidente desarrolla una serie de comentarios, adjetivaciones principalmente, que plantan su postura en relación a elementos que exceden la especificidad del mundo rural y ahí sí me siento autorizado a opinar. Bueno, como cualquiera, ¿no?

Centralmente, me llamaron la atención las palabras que se refieren al ejecutivo nacional como “el matrimonio monárquico que ha hecho de nuestro sistema democrático un velo delgado que ya no disimula la idea hegemónica y despótica de ejercer el poder”. Aro, aro, aro. La metáfora de lo monárquico aparece, como mínimo, un tanto desproporcionada. Afortunadamente nuestros gobernantes, desde el inicio de nuestra joven nación, no depositan su legitimidad de gobierno en un mandato divino, por definición, incomprobable. Tampoco existe un mandato hasta la muerte o abdicación del gobernante, sino que se establecen períodos concretos de 4 años, reelegibles de manera consecutiva sólo una vez. Finalmente, tampoco contamos con un sistema de sucesión hereditario que erija presidente a alguien a partir de un examen de ADN. Entonces ¿qué es aquello que hace monárquico al “matrimonio”? ¿Qué uno sea presidente después del otro? ¿No estamos obviando un hecho un tanto relevante, esto es, el sufragio universal, directo y obligatorio, ballotage incluido?
Por la misma carga valorativa, política e ideológica, el adjetivo monárquico se esparce a una crítica general de la democracia, convertido por “el matrimonio” en ese delgado velo que ya no es capaz de disimular la hegemonía y el despotismo. Vayamos por partes. La hegemonía, como muchos conceptos, tiene varias acepciones. (Para mi gusto, ha sido Antonio Gramsci, uno de los que mejores lo abordó). Para no perdernos en laberintos conceptuales, concibamos la hegemonía como la búsqueda de un grupo social por hacer que sus intereses particulares se extiendan al conjunto de la población. “Universalizar un particular”, diría Ernesto Laclau. Si así lo entendemos ¿Las pretensiones hegemónicas, no son inherentes a toda práctica política? ¿No la practican –o intentan practicarla- todas los grupos sociales –partidarios o corporativos?


Por último, el despotismo. Aquí hay menos equívocos. Se refiere al poder absoluto, al ejercicio tiránico del poder. Sigamos con las preguntas. ¿Realmente se trata de un poder despótico el que ejerce la presidenta? ¿Hay muchos antecedentes en los que el poder legislativo –con mayoría opositora- haya tenido el protagonismo que ostenta hoy? ¿Y la Corte Suprema actual, que a menudo discute y se enfrenta al ejecutivo, no es un gran paso cualitativo a las cortes adictas y a los jueces servilletas a los que estábamos acostumbrados? ¿Cuál es el poder absoluto de un gobierno que no reprime los cortes de ruta, sean de productores agropecuarios o de pobres del conurbano? ¿Cuál es la tiranía de un ejecutivo que no puede hacer cumplir una ley votada en el senado (¡¡44 a 24 votos!!) por la presión de los grupos oligopólicos involucrados?
Afortunadamente, entiendo que las palabras de Astiz son desacertadas. Afortunadamente para todos, porque eso implica espacios de discusión y opinión libres. Implica que podamos votar libremente a nuestros gobernantes, aprobando o desaprobando sus gestiones. Implica poder expresarnos, protestar, organizarnos en corporaciones, ejercer presión, pensar diferente y expresarlo. Como todo gobierno, el actual ejecutivo tiene sus errores, sus falencias y es susceptible de innumerables críticas. Probablemente coincida con el propio Astiz en muchas de ellas. Pero parece sensato no etiquetar a un gobierno -a un sector político-, con frases hechas e imprecisiones para desacreditarlo y despreciarlo sin ahondar en el análisis de esas etiquetas. La democracia es también el respeto por la diferencia y la tolerancia con el otro. ¿No?

1 Nota publicada en La Voz del Pueblo de Tres Arroyos el viernes 15 de octubre

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