Por José Eduardo Moreno
La nueva ley de servicios audiovisuales sigue siendo un tema que reniega de salirse del centro de la escena. No es para menos. Se trata de reconfigurar el espacio de los medios audiovisuales, actualmente obscenamente concentrado. Es decir, se trata de repensar y redistribuir el espacio de las distintas voces de un modo más equitativo y plural. Mucho se habló al respecto, pero de cualquier modo quisiera agregar a lo mucho dicho hasta aquí algunos datos concretos sobre el impacto específico que adquiere el mensaje televisivo en la política, en la valoración de medidas y en la imagen de los candidatos. Para ello recurriré a una investigación realizada por la consultora Guarismos de la ciudad de La Plata (http://guarismosconsultora.blogspot.com/) a partir de una encuesta reciente.
La encuesta fue realizada de manera domiciliaria, con muestreo probabilístico y alcanzó 401 hogares en el casco urbano platense. De acuerdo a las estimaciones estadísticas se trata de muestra aceptable que permite inferir con escaso error. Cuando se pasa a análisis que implican cruce de variables (por ej. “Intensión de voto” por “diario que lee”), el error se dispara porque la muestra se reduce drásticamente (sí sólo cuento con 50 casos que leen determinado diario, su representatividad se ve fuertemente debilitada). De cualquier modo, los cruces de variables son válidos y permiten observar tendencias aunque con niveles de error superiores a los que presenta la muestra total respecto del universo estudiado. Hechas estas aburridas pero necesarias aclaraciones estadísticas, pasaremos a comentar la información.
No es sencillo mensurar el impacto que tienen los medios en las opiniones de la gente. Casualmente, quienes hoy guardan reparos sobre la nueva ley de servicios audiovisuales, suelen minimizar este impacto. En pleno debate previo a la votación de la ley, Ernesto Tenembaum señalaba “los gobiernos son queridos u odiados independientemente de lo que los medios dicen de ellos” (Veintitrés, Nº 583, p. 20) en una nota cuya tónica giraba entera en torno a esta idea. Al mismo tiempo sostenía allí algo así como que la gente no es idiota y no piensa lo que dicen los medios. Sin ánimos de insultar a nadie, me animo a afirmar que nadie valora a un gobierno independientemente de lo que dicen los medios. En todo caso, coincido en que la valoración no está determinada necesariamente por lo que los medios dicen, pero eso es una cosa totalmente diferente. Veamos.
Según la encuesta, el 41% de los entrevistados sólo se informa a través de la televisión –en adelante “TV”-, mientras que el 59% restante lo hace por otros medios (aunque también lo hagan por la televisión) –en adelante “Otros medios”. Resulta interesante cotejar como varían las opiniones entre unos y otros y de ese modo contar con alguna información sobre el impacto de ese medio. Veamos.
En la encuesta se preguntó sí la principal causa de la desigualdad social era a) “las distintas capacidades de cada uno”, b) “que el gobierno fomenta la vagancia y no da trabajo” y c) “que patrones/empresarios quieren ganar más y pagan poco”. La distribución de las respuestas entre los “TV” son 11,3%, 68,1% 20,6% respectivamente, mientras que los porcentajes para “Otros Medios” son 14,9%, 56,6% y 28,6%. Es decir, quienes responsabilizan al gobierno por la desigualdad se reduce en más de 10 puntos porcentuales entre quienes se informan más allá de la TV. Del mismo modo, la tercera opción que carga las tintas sobre el rol del empresariado es 8% menor entre quienes sólo se informan por la TV.
Sobre la valoración la nueva ley de servicios audiovisuales, quienes la consideran “muy buena” constituyen el 18,6% entre “Otros Medios”, mientras sólo alcanza al 10,8% para los “TV”. Si se observa la valoración sobre la figura del ex presidente Kirchner, resulta positiva (“bueno” + “muy bueno”) para el 25,1% y negativa (“malo” + “muy malo”) para el 52,9% entre “Otros Medios”. Estas mismas categorías son del 17,8% y del 55,4% respectivamente para “TV”.
Vayamos al terreno estrictamente electoral. La intención de voto de Kirchner alcanza el 16% entre los “TV”, pero trepa al 21,6% para los otros. Si miramos la de Macri, llega a 17% entre los primeros y sólo al 5,1% entre los segundos.
Por último, veamos los posibles escenarios de ballotage. Si se enfrentara Kirchner contra Cobos, el 22,3% votaría al primero y el 77,7% al segundo entre los “TV”. Pero entre “Otros Medios” la intención varía a 42,1% y 57,9% respectivamente. Es decir, se pasa de una diferencia de 55,4% a una de 15,8% entre ambos candidatos. Es decir, estamos hablando de una diferencia de 40 puntos porcentuales en un posible escenario de ballotage. Si Kirchner enfrentara a Macri los números son similares: 25,4% y 74,6% entre los “TV” y 44,7% y 55,3% entre los otros.
La lista podría seguir. Lo que parece quedar claro es que la incidencia que adquiere el tratamiento de la información en los medios televisivos tiene una incidencia real y mensurable. En este caso se trata de datos que remiten sólo al casco urbano de la ciudad de La Plata. Cada ciudad y realidad concreta tendrá sus valores. Pero resulta evidente que es imprescindible contar una regulación que atente contra la concentración de los medios y de la información. Está en juego, nada menos, el destino político que nos daremos como sociedad.


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