Por José Eduardo Moreno
La muerte es un punto de inflexión (Perdonen la obviedad). Funciona en muchos registros. Uno de ellos, es que al poner fin a algo, a una vida, obliga a un balance. Es como cualquier ciclo que se cierra. Siempre al final viene el balance.
Con su muerte, Kirchner cambia de categoría. Otra obviedad. Pasa de los vivos a los muertos, que no es sólo una cuestión biológica, ya que ese cambio de categoría lo ubica en otro registro de análisis y valorativo. Huelgan ejemplos de esto. El más cercano quizás sea Alfonsín, pero también cualquier figura pública, Sandro, Fontanarrosa, el que les guste.
En todos los casos, la muerte funciona como un baño indulgente que exalta las virtudes y diluye los defectos. Sucede con un amigo, un familiar, un conocido. Algunos los hacen sinceramente conmovidos, otros regocijándose en lo más profundo. Este efecto es de gran intensidad en el momento inmediato y va perdiendo su fuerza con el inexorable paso del tiempo. Con los días, semanas, los análisis se hacen más sinceros, más objetivos, más honestos.
Pero eso no nos impide que indefectiblemente tengamos que calificarlo de inmediato. Después de todo, la muerte también es una de las puertas de entrada a la historia. (El “La historia me absolverá” del joven Castro fue uno de los desafíos a la muerte más vistosos). La historia, gran terreno de debates y posturas encontradas, suele - al fin de cuentas- ser más rigurosa que la contemporaneidad. Lo pasado suele ser visto con menor desapasionamiento que lo presente, y eso le insume objetividad y cierta precisión. Se cuenta con una perspectiva temporal que enriquece el análisis. Hoy resulta insensato criticar la reestatización del sistema previsional, sin embargo fueron muchos los que se opusieron ferozmente. Los archivos son demoledores. La importancia del extrañamiento, de tomar distancia, es una de las condiciones esenciales del buen conocimiento según lo señala Norbert Elías.
Al haber atravesado esa puerta, Kirchner entró inequívocamente en la historia. “Hay que juzgarlo”, suena la voz inconsciente de ese enano interior que tenemos dentro con ansias de juzgar al otro. En el obligatorio balance al que nos obliga la muerte, creo que Kirchner sale con buenos pergaminos. No nos pondremos a detallarlos ahora, habrá decenas de artículos que así lo hagan. Cada uno tendrá sus críticas, pero el saldo es positivo. Una mirada por los principales indicadores es elocuente. Especialmente si recordamos que ya está en el terreno de la historia, lo que nos lleva a preguntarnos sobre todo lo que pasó antes, sobre sus antecesores, sobre el contexto histórico en él que actuó y sobre la incidencia que tuvo en ese mundo que habitó y en el que no habitará.
En lo que va desde su muerte, horas, se observa un fuerte impacto. Al menos según mi precario e impreciso termómetro. A distintas figuras queridas y respetadas, no sólo por mí, se las ve profundamente tristes y acongojadas: las madres, las abuelas, los distintos presidentes latinoamericanos, figuras de la cultura y de la militancia con valiosos antecedentes. Esa tristeza, contagia. Una de las cosas que me llamó la atención entre las distintas expresiones de de duelo, fueron las de los “arrepentidos”, aquellos (y aquellas, que se sobreentienda) que confiesan no haber sido simpatizantes en un primer momento, pero que terminaron apoyándolo, aunque sea en las líneas generales de su proyecto. Y eso, me parece que no es poco. Sino preguntémonos cuantas veces revertimos nuestra valoración política e ideológica sobre una figura política.
El hecho de que sea un pasado tan reciente nos obliga, al mismo tiempo que a juzgar el pasado, a pensar el futuro. Una cosa lleva a la otra. Quienes apoyamos muchas de las líneas del proyecto que inauguró Kirchner, no podemos menos que preocuparnos ante el vacío que deja. La falta del líder, no es cosa menor en política. Al mismo tiempo, la oposición que hoy se presenta como alternativa real, despierta muchos más temores que simpatías. José Pablo Feinmann ensayó una de las respuestas que más me gustaron. Por alentadora, quizás: “No es la muerte de Perón, que dejó detrás de sí a una incapaz y a un criminal; Cristina crecerá ante la desgracia”.

Muy bueno Jose, Cristina se quedo viuda y un partido sin lider, no se le murio la materia gris esa sigue intacta como siempre y mas fortalecida!!!!!!! Livia
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